06/03/2005
ALEJANDRÍA - Αλεξάνδρεια
Cae una lluvia fina, suave, temblorosa por momentos en esta tarde serena. Las hojas de las palmeras se mueven en un vaivén que tanto me recuerda a Alejandría...
Alejandria, la dama hermosa de atardeceres color ámbar, de lluvias nocturnas entre risas y cenas inesperadas. La lluvia en Alejandría parece que esté mojando nuestros deseos para que florezcan mejor. Las alegría se intensifica cuando el cielo acuoso comienza a dejarse caer. Nos preparamos para tomar té en el balcón y ver esa lluvia mística, mientras nos contamos aquellas anécdotas que se harán imperecederas con el momento de voces unidas a gotas de lluvia cayendo sobre nuestras manos. Abajo se oye venir a los mercaderes cubiertos con telas de lona, transportando cajas llenas de color. La lluvia cambia el panaroma en cada lugar de nuestro pequeño gran mundo. La lluvia en Haití, salvaje, intempestiva, profunda... no es la misma lluvia de Alejandría, tan femenina, tan llena de silencios quebrados. Mis oídos escuchan al pájaro cantar, quiza rezar, escondido en alguna rama confortable. Y los coches pasan, creando el único sonido que de ellos me atrae: sus neumáticos encharcados, creando un estado de paz no relativa para mí. La lluvia en Alejandría, la canción más hermosa...
"Alejandría, eres tan hermosa
que muchos dieron su vida por tí;
otros prefirieron mecerse en tu recuerdo
cuando sus párpados se quedaron sin voz.
Tu corazón late incesantemente
mientras dormitan los de la ciudad.
Y al hacerlo tu mar se va moviendo,
girando,
con la belleza de una bailarina.
Tus recuerdos están todos vivos;
tus sueños se repiten una y otra vez.
Ellos poseen la magia del Amor,
la que puede mover las horas con un simple suspirar.
Y es que los dioses nunca te arrancaron tal poder.
Al verte sonrío, nombrándote en silencio,
llenando mi alma de tu aroma,
de tus lágrimas de alegría.
Alejandría,
bien pudieras también llamarte la sonrisa de los dioses...
Y es que cada vez que te dejo
me llevo un trocito de tí
mientras tú te quedas con mi corazón entero."
Alejandria, la dama hermosa de atardeceres color ámbar, de lluvias nocturnas entre risas y cenas inesperadas. La lluvia en Alejandría parece que esté mojando nuestros deseos para que florezcan mejor. Las alegría se intensifica cuando el cielo acuoso comienza a dejarse caer. Nos preparamos para tomar té en el balcón y ver esa lluvia mística, mientras nos contamos aquellas anécdotas que se harán imperecederas con el momento de voces unidas a gotas de lluvia cayendo sobre nuestras manos. Abajo se oye venir a los mercaderes cubiertos con telas de lona, transportando cajas llenas de color. La lluvia cambia el panaroma en cada lugar de nuestro pequeño gran mundo. La lluvia en Haití, salvaje, intempestiva, profunda... no es la misma lluvia de Alejandría, tan femenina, tan llena de silencios quebrados. Mis oídos escuchan al pájaro cantar, quiza rezar, escondido en alguna rama confortable. Y los coches pasan, creando el único sonido que de ellos me atrae: sus neumáticos encharcados, creando un estado de paz no relativa para mí. La lluvia en Alejandría, la canción más hermosa...
"Alejandría, eres tan hermosa
que muchos dieron su vida por tí;
otros prefirieron mecerse en tu recuerdo
cuando sus párpados se quedaron sin voz.
Tu corazón late incesantemente
mientras dormitan los de la ciudad.
Y al hacerlo tu mar se va moviendo,
girando,
con la belleza de una bailarina.
Tus recuerdos están todos vivos;
tus sueños se repiten una y otra vez.
Ellos poseen la magia del Amor,
la que puede mover las horas con un simple suspirar.
Y es que los dioses nunca te arrancaron tal poder.
Al verte sonrío, nombrándote en silencio,
llenando mi alma de tu aroma,
de tus lágrimas de alegría.
Alejandría,
bien pudieras también llamarte la sonrisa de los dioses...
Y es que cada vez que te dejo
me llevo un trocito de tí
mientras tú te quedas con mi corazón entero."
23:40 Anotado en Literatura, Poesía | Permalink | Comentarios (5) | Email esto | Tags: Poesía




Comentarios
estaba leyendo el texto y me daban ganas de irme a alejandria, jejeje
espero tu proximo texto pronto.
salud
Anotado por: buko | 07/03/2005
Nos llevamos trocitos de los lugares que amamos, y ellos se quedan con trocitos de nuestro corazón.
Pero nuestro corazón se reproduce solo, cada trozo puede dar lugar a un nuevo corazón. Y los lugares se van alimentando de millones de corazones.
¿Ésa es la auténtica globalización?
Anotado por: Claroqueno | 08/03/2005
¡Qué bonito post, persephone! Evocador y delicado igual que esa lluvia de Alejandría que describes como tan femenina y tan llena de silencios quebrados (esa frase me ha encantado).
Besos, persephone.
Anotado por: __Berenice__ | 09/03/2005
Intenté dejar un comentario y no pude. Intento una vez más.
Antes que nada, persephone, muchísimas gracias por el enlace, es un honor y una alegría. Muchísimas gracias, de verdad.
Debo decir que hay un pequeño error, de mi entera responsabilidad. El título del blog es Extraños en la plaza, y no Extraños en el puente virtual. Ese último nombre fue una suerte de publicidad humorística de mi taller literario virtual llamado, justamente, El Puente Virtual. Así que transitoriamente cambié el nombre. A veces juego con el título. Ahora regresó el original. Pero no te preocupes, por favor, es apenas un detalle.
En cuanto a Alejandría, subyuga. Es decir la pintura que logras. Comparto la impresión general de los otros visitantes.
Bueno, gracias otra vez y te sigo leyendo.
Saludos...
Anotado por: cinco clavos | 10/03/2005
Vaya, llegué hasta acá gracias a Cinco Clavos y he de decir que he disfrutado mucho su blog.
Anotado por: ÍO | 11/03/2005
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