23/08/2005

Naufragio

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Mi barca zozobró.
Mi barquita de nuez.
Salí a cantar a la noche,
canciones de dolor,
y el viento no se paró a pensar;
y latía con mi misma desazón;
trajo los rugidos cegadores,
las brisas locas de amor,
envueltas en dos corazones.
Me aventuré al caos,
en mi barquita de nuez,
mientras las ráfagas tempestuosas
rasgaban las velas
de mi barquita de nuez.
Al viento me entregué,
con mi canción eterna
y las lágrimas eran mar,
amargas cadencias
sacudidas por el vendaval.
Y sola, me vi zozobrar,
y sola, comencé a rezar.
Y la oscuridad del agua,
del cielo,
del viento,
de las tristes melodias
que mi voz cantaba,
me trajeron a un marinero
en alta mar.
Marinero, que con brazos fuertes
sujetó  el mástil de mi quebrada vida,
unos brazos que, iluminados por los destellos  de los truenos,
brillaban, mojados por la espuma de plata.
Yo sí lo ví salvarme,
Yo sí lo ví fuerte,
lo vi amarme
mientras mi barquita de nuez,
donde sólo cabe un guisante,
se hundía como mil perlas,
como mil estrellas,
como cuernos de elefante:
el peso de mis dudas,
condensadas todas ellas
en una simple barquita de nuez.
Fué la vez primera,
el amor primero,
el corazón limpio,
ese marinero.
Y al llegar a tierra
ya no estaba,
y tan solo me di cuenta
de que tú me esperabas,
diciéndome que la vida
sólo se vive una vez
mientras yo le decía adios para siempre,
adios para siempre,
a mi triste barquita de nuez. 

Comentarios

PERSEPHONE, es como un sueño! Es hermoso, muy hermoso. Puedo ver tu poema tan apasionado.
Besos de una nueva lectora desde Argentina :X)

Anotado por: Clarissa | 24/08/2005

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