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24/08/2005
Camino
Cien mundos acariciban la arena,
y los cien mundos, embelesados,
transportaron tibia luz de ámbar
al lecho de mi alma...
Suave contacto que, tras penoso viaje,
se volvió a encontrar con los cielos,
mientras la noche cerrada dejaba caer,
como briznas de amor
un océano.
Mil mundos se encaminaron entonces,
mil mundos bajo el velo del alma,
cuarenta ladrones sedientos
intentaban arrancarla,
rasgar la seda cubriente,
rasgarla con duras palabras...
Y caminé.
Caminé contra el viento,
recogiendo la arena vidriosa
en mis labios sedientos,
mientras me seguían voces,
brazos,
lamentos,
agarrándose a mis vestiduras,
aferrándose a mi olvido.
Caminé con paso lento, seguro,
mientras el polvo del desierto
envolvía los pies del caminante
en el vendaval de lo incierto.
La vida se encontró con la muerte
y un segundo se transformó en un círculo,
inacabable,
donde el sol bebe de la mano,
donde la luna tañe el sonido escondido
de la eternidad.
Así fue uno de mis viajes,
sobre las aguas primordiales,
sobre la seca morada,
donde el agua se atesora,
donde el silencio es el más bello sonido,
y la vacuidad un océano.
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23/08/2005
Naufragio
Mi barca zozobró.
Mi barquita de nuez.
Salí a cantar a la noche,
canciones de dolor,
y el viento no se paró a pensar;
y latía con mi misma desazón;
trajo los rugidos cegadores,
las brisas locas de amor,
envueltas en dos corazones.
Me aventuré al caos,
en mi barquita de nuez,
mientras las ráfagas tempestuosas
rasgaban las velas
de mi barquita de nuez.
Al viento me entregué,
con mi canción eterna
y las lágrimas eran mar,
amargas cadencias
sacudidas por el vendaval.
Y sola, me vi zozobrar,
y sola, comencé a rezar.
Y la oscuridad del agua,
del cielo,
del viento,
de las tristes melodias
que mi voz cantaba,
me trajeron a un marinero
en alta mar.
Marinero, que con brazos fuertes
sujetó el mástil de mi quebrada vida,
unos brazos que, iluminados por los destellos de los truenos,
brillaban, mojados por la espuma de plata.
Yo sí lo ví salvarme,
Yo sí lo ví fuerte,
lo vi amarme
mientras mi barquita de nuez,
donde sólo cabe un guisante,
se hundía como mil perlas,
como mil estrellas,
como cuernos de elefante:
el peso de mis dudas,
condensadas todas ellas
en una simple barquita de nuez.
Fué la vez primera,
el amor primero,
el corazón limpio,
ese marinero.
Y al llegar a tierra
ya no estaba,
y tan solo me di cuenta
de que tú me esperabas,
diciéndome que la vida
sólo se vive una vez
mientras yo le decía adios para siempre,
adios para siempre,
a mi triste barquita de nuez.
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07/08/2005
Sentir
Vienen
las heladas a mi mente,
la pasión por los cedros
almibarados de escarcha,
las últimas frases tan cálidas
a la luz del fuego.
Vienen los astros,
fríos, estáticos,
mientras la nieve cae
resbalando por las ventanas.
Y las risas, al mirarlas,
dan calor a las almas,
llegando sus ecos
a esta nostalgia,
donde el cielo abrasador
me trael un frío dentro,
como si estuviera dormida,
por siempre,
en mis recuerdos.
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04/08/2005
Regreso
Vienes, por el largo camino de mi recuerdo, vienes de nuevo,
despertando los sueños que tú hilvanaste,
ahuyentando resquicios de saber, de placer...
De nuevo te acercas despacio, en la sombra de mis versos,
anotando un beso en mi mano, cálida voz de amable gesto,
enturbiando mi soledad,
cayendo en mi abismo.
Vienes, como viniste a mi mirada hace ya tantos siglos.
Se veían caer de tus manos las huellas de otras voces,
caían, caían como estrellas fulgurantes
a las que nadie reclama
pues su brillo se acobarda ante el alba suave
de una mañana.
Al brindar contigo los ecos de nuestro misterioso sino,
comencé a caer, primero en tus manos,
y luego en mi propio destino, sin los lazos de tus lazos,
sin saber si
algún día,
una paloma se acercaría de nuevo a mí
con tus misivas.
Cae la noche, lluvia que acaricia mis lágrimas,
y tú sabes que te estoy leyendo,
que te estoy sintiendo,
mientras mi corazón se mece
en el vacío.
19:10 Anotado en Poesía | Permalink | Comentarios (2) | Enviar a Email
02/08/2005
Presagio
Sé que me llamarás a gritos, a pesar de ser únicamente yo quien pueda escucharte. Allá en el horizonte las aguas hizarán su mano, como para atraer a esta pobre alma al sino doloroso de una corta vida. Sé que, a pesar de todo, llegaré hasta tí, que mi mano se soltará de quien me ama, sin que se de cuenta; que andaré hasta no saber porqué lo hago, cuando ya sea tarde para reflexionar.
Sé que, cuando tu mano me robe la posibilidad de volver, cuando me engulla el destierro precipitado, mi alma dejará de soñar
para contemplar
el hilo suave que, como amarra de barco, me arrastrará hacia arriba,
aunque yo apenas me de cuenta.
Sé que una mano invisible empujará este cuerpo hacia el aire, con la fuerza y rapidez de una madre al salvar al niño
del peligro inexorable.
Al sentir esa mano, desaparecerás.
Y una mano diferente ocupará tu lugar, perdida entre rocas de suave sal, mirando y buscando
alguna huella en el mar.
Sé que cambiará mi mundo, o que el mundo me cambiará.
Y la vida será la muerte, y la muerte la vida,
y no temeré los designios que la razón desconoce,
y que tanto tienen de felicidad.
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