09/03/2007

Paradoja

 

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(Me siento perdida entre gritos aún no expresados, pero presentidos,

 entre el gentío invisible que cruza las carreteras olvidadas del pasado,

aquellos rostros que nunca observé, pero que entraron en mi ventana

al enigma de mi interior.)

 

Espejos que cruzan desatinos y riscos que dejan caer piedras de nieve...

 

Y allá abajo estás tú, el cielo que cayó, 

que se hundió,

 por mucho que mis agrietadas manos quisieran sostener.

 

El hoyo fue profundo, y los ríos susurraron en vez de cantar 

como lo hacían en las claras mañanas.

Y luego se quedaron mudos, como el ángel que no puede socorrer

aunque lo intenta,

porque aún es joven para tanta sabiduría y entrega sin miedo.

 

Bajé a ese hueco que el cielo dejó,

lo bajé sin prisa,

y entre el caos , entre la muchedumbre incrédula y doliente,

me crucé con cosas inexplicables, maravillosas.

 

Si, ahí en el hueco de la tierra, el cielo había caído.

 

Y las estrellas cuajaban los surcos agrietados, los caminos polvorientos

por entre los túneles de la duda.

Un manto de luz se había caído abajo.

 

Qué hermoso fué vivir tal paradoja.

Que vivificante sentir el frío helado en la caliente herida.

 

Y cogí ese manto,

Y con él envolví mi corazón, y subí deslizándome hacia arriba,

una forma inaudita,

límpida

y sincera.

 

Y ahora te hablo,

mi querido recuerdo, tan triste y lloroso como un niño.

 

Te llamo en la distancia,

porque te amo,

pero en la distancia me entrego a tí, día tras día, 

sin pena ni dolor,

con el fulgor de las estrellas aquellas

que una noche se deslizaron por tu camino,

del cual nunca pudiste ya más salir.

 

Un beso. 

13:54 Anotado en Poesía | Permalink | Comentarios (2) | Email esto